ENCONTRAR SENTIDO A LA PÉRDIDA EXPLICANDO LA MUERTE A LOS NIÑOS

Poner palabras y encontrar sentido a la pérdida

La muerte forma parte de la vida de manera ineludible. Todos tendremos que enfrentarnos a ella tarde o temprano. Pensar que eso nos puede ocurrir nos cuesta porque nos asusta y nos duele por ser inherente a la vida. Resulta complicado poner palabras y encontrar sentido a la pérdida, aún más si hay que contárselo a los pequeños. Por ello resulta importante contar con los recursos que nos ayuden a afrontar de la mejor manera esa realidad.

El dolor suele ser abrumador para los que nos quedamos. Ya sea la pérdida de un ser querido por un accidente repentino, por desastres naturales, por guerras o enfermedades.

¿Cómo podemos aprender a vivir con el dolor de la tragedia y con la pérdida? ¿Cómo nos ayudamos a nosotros mismos y a los que viven en contacto con niños y adolescentes a enfrentar el dolor de la manera más reparadora posible?

Un viaje de recuperación a través del dolor

Unos meses después de la muerte de Alberto, su mujer Cecilia y su hija Lucía hicieron un viaje a la playa para descansar y recuperarse. Mientras Cecilia observaba a Lucía construir uno de sus primeros castillos de arena, descubrió un regalo. De manera insospechada las llevaría en un viaje a través del dolor y a encontrar sentido a la pérdida.

Con la ayuda de Merche, una buena amiga de Cecilia, Lucía se dedicó, afanosamente a construir el castillo de arena perfecto. Merche, una maestra de preescolar muy dinámica, animó a Lucía a ser creativa en la edificación de su castillo. Cecilia la observaba sentirse orgullosa de cada habitación y de cada torre a medida que el castillo tomaba forma lentamente. La alegría de los logros se fue dibujando en el rostro de Lucía. Cuando el castillo estuvo terminado, tenía un foso, varios túneles, habitaciones de todas las formas y tamaños y, sobre todo, era un castillo muy señorial.

Cuando Cecilia se dio cuenta de lo gratificante que resultaba ver a su hija de tres años construir un castillo de arena, fue consciente de la ausencia de su marido. Le encantaba ver jugar a Lucía y se enorgullecía de cada uno de sus nuevos logros. Luego, en el momento de su más profundo dolor por la pérdida de Alberto, una gran ola se estrelló en la playa y derribó el hermoso castillo de Lucía.

Regalar al océano

Como cualquier otra niña en esa situación, Lucía reaccionó a la pérdida de su castillo de arena con sorpresa y enfado. Con lágrimas corriendo por sus mejillas, corrió hacia Cecilia para consolarse del repentino desastre. Indignada, juró que nunca más construiría un castillo de arena. Lo que más deseaba en ese momento era el refugio seguro de los brazos de su madre.

Pero Merche no estaba dispuesta a abandonar a Lucía. Caminó hacia donde ambas estaban y comenzó a explicarles la naturaleza de la construcción de un castillo de arena. “Lucía”, dijo Merche, “parte de la alegría de construir un castillo de arena es que, al final, podemos darle un regalo al océano”. “De esto se trata la construcción de los castillos de arena”, dijo Merche. “Nos permite ser generosos”. Nos permite empezar a poner palabras y empezar a encontrar sentido a la pérdida.

A Lucía le encantó la idea de hacer regalos y respondió con entusiasmo a la idea de construir otro castillo de arena. Sus lágrimas se convirtieron en una sonrisa al momento. ¡Esta vez quería construir su castillo aún más cerca del agua, para que el océano tuviera antes su regalo!

La pena como construcción del proceso de curación

Mientras Cecilia observaba a su hija y a Merche construir y perder su castillo, comenzó a ver un paralelismo con la muerte de Alberto. Cómo reconstruimos nuestras propias vidas a través del dolor. Visualizó el castillo como si fuera su vida y la ola rompiente como su muerte. Se sorprendió y se enfadó cuando el castillo fue arrastrado por la ola. Cecilia deseó el refugio y consuelo amoroso de los brazos de su esposo.

En lo que Lucía no había reparado hasta ese momento era que su pena podría convertirse en un regalo. Así como el castillo de arena fue un regalo para el océano, la vida de Alberto lo fue para Lucía. También para todos los que le amaban. Sus recuerdos, como la arena de la orilla, estaban frente a ella; esperaban ser sentidos y utilizados como material de construcción en el proceso de curación que tenía por delante. El proceso de poner palabras y encontrar sentido a la pérdida.

Remodelar para crecer

Remodelar nuestra vida en períodos de cambio no resulta un proceso desconocido. Como en la construcción de un castillo de arena, constantemente nos cambiamos; nos recreamos y nos remodelamos a medida que nos influyen nuestras familias, amigos y el medio ambiente. A medida que crecemos, decidimos agregar salas nuevas y eliminamos otras. Construimos túneles y puentes para conectar nuestra vida con personas que nos benefician y muros y fosos que nos protegen del daño.

Las tormentas y las olas que rompen remodelan nuestros castillos de vez en cuando. Cuando pasa una tormenta, a menudo nos tomamos un tiempo para retirarnos y reflexionar. A veces elegimos hacer cambios en nuestro castillo de arena. Entonces nos esforzamos por acercarnos un poco más a nuestro propio concepto de perfección.

Ese día Cecilia se dio cuenta de que, aunque nuestras vidas al final se borran, los granos de nuestras vidas permanecen en la costa, no desaparecen. Esos granos de arena todavía existen, como una fuente de energía y renovación para los que quedan atrás. Se convierten en material de construcción para los nuevos castillos de arena que están por llegar.

Reconstruyendo el dolor

La pena se transforma y se filtra a través de cada grano de arena al recordar a la persona que amamos. A medida que tocamos y sentimos cada granito de arena, decidimos mantener algunos granos y soltar otros. Los dones que poseemos nos ayudan a reconstruir nuestro propio castillo de arena, que se destruye temporalmente por nuestro dolor. Estamos poniendo palabras para encontrar sentido a la pérdida.

Cecilia regresó de la playa con una nueva perspectiva sobre su dolor. Nunca entendió por qué esa ola rompió la vida de su marido. Pero por primera vez reconoció que el material de construcción estaba en frente de ella. Comprendió que el proceso de elaborar su pena llevaría mucho tiempo, que había miles de granos de arena para examinar de cerca.

Lucía es ahora una mujer joven. Ella y su madre tienen la suerte de compartir el amor de un hombre con el que Cecilia se casó cuatro años después y a quien llama “Papá”. Pero también conoce y ama a su padre de una forma que nunca antes hubiera imaginado cuando falleció. El regalo del castillo de arena de Alberto siempre será una parte de quienes son.

En Psicología Relacionarte abordamos diferentes aspectos del duelo, como sus síntomas, la duración, cómo reconocer un duelo complicado o que signos pueden indicarnos que un menor necesita ayuda profesional tras perder a un ser querido.

2018-11-18T12:52:25+00:00

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