La experiencia corporal como experiencia del sí mismo

Las personas que buscan ayuda quieren aliviarse de las dificultades para respirar que acompañan a la ansiedad. Que desaparezcan los ataques de ira y las sensaciones de terror. Que les quiten la molestia de los músculos tensos y los dolores de cabeza constantes de su experiencia corporal.

Además, no están a gusto con su existencia: que son feos o inadecuados, que prestar atención a su experiencia corporal hace que se sientan mal, por ser algo demasiado sexual o animal.

            Los fenómenos corporales se consideran solo como síntomas que deben diagnosticarse, conductas a modificar, comunicaciones que hay que comprender o como símbolos de proceso subyacentes.

            Nuestro lenguaje estimula la distinción entre cuerpo y “yo”. No tenemos una palabra para decir: “yo-cuerpo”. Nuestro lenguaje apoya la noción de que nuestro cuerpo es un objeto: algo que me sucede, más que “algo por lo que estoy sucediendo”.

Corporificación

            Cuando hacemos de nuestra experiencia corporal un “eso” en vez de un “yo”, nos hacemos menos de lo que somos. Nos disminuimos. Mientras más hemos separado nuestra identidad de la propia experiencia corporal, más cosas “parecen sucedernos”.

            Nuestro ser corporal es intrínseco a la relación con nuestro mundo y forma una base para el contacto con nuestro entorno físico como humano, de modo que podamos satisfacer nuestras necesidades y crecer.

El cuerpo y el sí mismo negado

            La mayoría no identifica o vive la experiencia de nuestro cuerpo como “sí mismo”. La enfermedad psicológica ocurre cuando uno aliena lo que es orgánicamente suyo, desorganizando así su funcionamiento. Nos identificamos a nosotros mismos sólo como seres mentales y no corpóreos.

La escisión del “yo” respecto del cuerpo

            Experimentamos mucho de lo que llega en forma de experiencia corporal como alienado del “sí mismo”, irracional, y experimentamos lo que llega como pensamiento y expresión verbal como racional y aceptable a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuando negamos esos aspectos o funciones del “sí mismo”, estamos negando los aspectos corporales implicados.

            Mantener esta escisión, conservando el “sí mismo” negado fuera de nuestra conciencia, es ayudado por la naturaleza corporal de la represión misma. Amortiguamos, ejerciendo tensión sobre las sensaciones corporales, que son parte de los sentimientos de amor, ira y compasión.

El sentimiento de sí mismo

Si hay conflicto respecto a un sentimiento y corremos el riesgo de ser rechazados por personas importantes para nuestro bienestar, nos encontramos en la situación de tener que apartar los sentimientos del contacto normal. Significa separarse uno mismo de las sensaciones corporales del sentimiento.

El sí mismo en movimiento       

            Hay condiciones bajo las cuales el sentimiento, el aspecto sensorial del afecto, debe ser negado o suprimido. Al final, tales movimientos se vuelven ajenos y amenazantes para el propio sentido del sí mismo, y ya no accesible como una función de contacto.

El sí mismo doloroso

            Madurar implica una serie de tropiezos contra las partes duras del mundo. Nada de esto hace daño al autodesarrollo, mientras pueda ser asimilado apropiadamente en el funcionamiento corriente. En estas situaciones, el aspecto dañado del “sí mismo” es de naturaleza somática.

El rango de la experiencia

            El grado en el que se enajena el proceso corporal tiene importante relación con la gravedad de la patología y con el grado de contacto con la realidad.

            Mientras más funciones de contacto estén negadas, menor será el rango de conducta disponible para la acción dentro del entorno. El “yo” se vuelve más rígido y constreñido, con menos áreas de operación legítima, ya que más capacidades del SM (sentimientos y acciones) se consideran ajenas y por tanto inútiles.

            Crear un ambiente donde los pacientes puedan arriesgarse a regresar a su cuerpo es una labor de amor y cuidado por parte del terapeuta. Al reconectar a cada capa del “sí mismo” corporal, deben abrirse de nuevo viejas heridas emocionales, de modo que las experiencias negadas puedan traerse al presente, que es donde puede darse la verdadera curación. Además, pondrán a prueba de manera constante los límites del cuidado del terapeuta, proyectando con frecuencia sobre él, las características de quienes abusaron de ellos.

Existen técnicas de masaje basadas en la teoría oriental que utilizan algunos centros. Haciendo una serie de ejercicios dinámicos, en movimiento, detectan qué centro de energía está bloqueado e intervienen, dan ejercicios de yoga para hacer, proponen un masaje específico de la zona que regula este centro de energía.

En Psicología Relacionarte podemos trabajar contigo en el sentido de hacerte más consciente, haciendo que el límite del sí mismo sea más flexible y permeable al contacto.