EL SENTIDO DE LOS LÍMITES

Las fronteras del yo

           Algunas personas tienen una gran sensibilidad para evaluar los riesgos pues parece que están viviendo “en el filo de la navaja”. La gran mayoría, en cambio, necesitamos predecir los resultados de nuestras acciones, lo que nos impide sobrepasar las formas de conducta habituales para conseguir mejores oportunidades. Si nos aventurásemos llevando las fronteras del yo a territorio desconocido, quizá aumentaría nuestra excitación y poder. Perderíamos así su fácil comprensión y nos sentiríamos inexpertos y desubicados.

            La forma en que una persona bloquea y permite la conciencia y la actividad en la frontera de contacto es su forma de mantener el sentido de sus propios límites.

Interdependencia entre ambiente y organismo

           Uno existe al diferenciarse y al contactar con otro. Estas son las dos funciones de un límite. Para estar bien contactado con el mundo propio, es necesario arriesgarse a descubrir y llegar a los propios límites, a las fronteras del yo. Una autorregulación eficaz asimila lo nutritivo y rechaza todo lo demás. Este contacto conduce al crecimiento. Se da una interdependencia entre el organismo y el ambiente.

           La discriminación requiere que las personas estén dispuestas a confiar en su gusto y juicio, exige sentir activamente los estímulos externos y procesar estos estímulos exteroceptivos junto con la información interoceptiva. A esto lo llamaríamos “metabolismo mental

Regulación del límite

            Debe permanecer permeable entre el sí mismo y el ambiente para permitir intercambios, pero suficientemente firme para mantener su autonomía. La necesidad más urgente energiza al organismo hasta que es satisfecha o reemplazada por una necesidad más vital (leyes de la homeostasis). Vivir es una progresión de necesidades, satisfechas e insatisfechas, logrando equilibrio homeostático y continuando el siguiente momento y necesidad.

Alteraciones del límite del contacto

            Cuando el límite entre el sí mismo y lo otro se hace difuso, impermeable o se pierde, se produce una alteración de la distinción entre sí mismo y otro (del contacto y del darse cuenta). Con un buen funcionamiento del límite, las personas alternan entre conectar y separar.

           Los límites eficaces son lo suficientemente permeables para que entre lo nutritivo y no permeables para mantener la autonomía y dejar fuera lo tóxico. Son lo suficientemente flexibles para permitir transacciones entre organismo y ambiente, yendo de un grado de apertura/cierre a otro.

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Yontef, G. “Proceso y diálogo en psicoterapia gestáltica”. Cuatro Vientos. Chile 1995

Polster, E y M. “Terapia Guestáltica”. Amorrortu. Buenos Aires 2008

2019-03-21T21:37:45+02:00

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